La conquista de la ciudad por las tropas de Jaime I marcó el inicio de una nueva etapa histórica para Mallorca, tras más de tres meses de asedio y duros combates.
Palma, 31 de diciembre.— El 31 de diciembre de 1229, las fuerzas de Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, lograron tomar la ciudad musulmana de Madina Mayurqa, culminando así la conquista cristiana de Mallorca. La entrada del ejército en la medina puso fin a un asedio que se había prolongado durante tres meses y abrió una nueva etapa histórica para la isla, aunque la resistencia musulmana se mantendría durante algunos años en las montañas del norte.
La expedición cristiana había conseguido desembarcar el 11 de septiembre de 1229 en la bahía de Santa Ponça, tras varios intentos fallidos. Ese mismo día se produjo una batalla decisiva contra las fuerzas musulmanas, que terminó con la victoria de las tropas de Jaime I y permitió el establecimiento del primer campamento. Poco después, al conocerse que el gobernador almohade de la isla, Abu El Ola, había reorganizado sus fuerzas y avanzaba hacia el campamento cristiano, el rey ordenó extremar la vigilancia. El enfrentamiento se resolvió en la batalla de Portopí, cuya victoria abrió definitivamente el camino hacia el asedio de la capital.
A diferencia de la estrategia habitual de rodear una ciudad amurallada y esperar a que el hambre y la sed forzaran la rendición, las circunstancias climáticas, el cansancio de las tropas y la baja moral llevaron a Jaime I a optar por una ofensiva directa. El campamento principal se estableció junto a la puerta de Bab al-Kahl, al noreste de la ciudad, donde se desplegó maquinaria de asedio como catapultas, mangoneles y fundíbulos. Madina Mayurqa se defendía con dos trabuquetes y catorce algarradas, a la espera de refuerzos procedentes de Ifriquiya.
Durante semanas se excavaron trincheras de aproximación, constantemente atacadas por los defensores musulmanes. Finalmente, las tropas cristianas lograron llegar hasta las torres de la muralla, que fueron minadas y derribadas una a una mediante apuntalamientos incendiados. Las brechas abiertas tras meses de combates facilitaron el asalto final.
El 31 de diciembre, una pequeña cuadrilla de seis soldados consiguió escalar una de las torres y colocar en lo alto un pendón de la Corona de Aragón. Al grito de «¡Adentro, adentro, que todo es nuestro!», llamaron al resto del ejército a seguirles. El soldado que encabezó la acción fue Arnau Sorell, quien más tarde sería nombrado caballero por el propio Jaime I en reconocimiento a su valentía. El ejército cristiano irrumpió entonces en la ciudad invocando «Santa María, Santa María», como era habitual en la época medieval.
El cronista Pedro Marsilio, por encargo del rey Jaime II y cuyo manuscrito se conserva en la catedral de Palma, relató cómo el monarca recriminó a sus caballeros su vacilación con un contundente «¡vergüenza, caballeros, vergüenza!», antes de lanzarse al asalto mientras muchos musulmanes huían por las puertas traseras de la medina.
Tras la entrada en la ciudad, el saqueo fue inmediato y dio lugar a tensiones entre los propios conquistadores. La disputa por el botín provocó disturbios y asaltos, hasta que Jaime I ordenó reunir las riquezas en el castillo de los templarios y anunció un reparto equitativo, advirtiendo con severas penas a quienes continuaran saqueando. Aun así, el expolio de la ciudad se prolongó durante meses.
Estas divisiones internas permitieron que parte de la población musulmana se refugiara en las montañas septentrionales de Mallorca, donde mantuvo la resistencia hasta 1232, fecha en la que se completó la conquista total del territorio. La caída de Madina Mayurqa marcó, sin embargo, el nacimiento de la Palma cristiana y el inicio de una profunda transformación política, social y cultural que aún hoy define la historia de la ciudad.




