Una tesis defendida en la UIB reconstruye cómo se consolidó esta disciplina en pleno franquismo gracias a un grupo pionero formado en Valencia
Palma, 30 de enero de 2026. La tesis doctoral de Agustín Ceba Herrero, defendida recientemente en la Universidad de las Islas Baleares (UIB), reconstruye por primera vez los orígenes y la consolidación de la física experimental nuclear y de partículas en España entre 1950 y 1973. El estudio pone el foco en el papel decisivo del grupo liderado en Valencia por el catedrático Joaquín Catalá de Alemany, figura clave en el desarrollo de esta disciplina en un contexto marcado por la precariedad y el aislamiento científico.
La investigación parte de una pregunta central: cómo fue posible impulsar estas áreas de la física en un país con graves carencias económicas, sociales y culturales, bajo una dictadura y con buena parte del profesorado universitario represaliado o en el exilio. Además, explica por qué este desarrollo se produjo en Valencia —donde no existían estudios de Ciencias Físicas hasta 1962— y no en Madrid.
Ceba retoma la hipótesis planteada por los investigadores Víctor Navarro Brotons y Jorge Velasco González, y demuestra el papel central que desempeñó el equipo de Catalá de Alemany, así como la importancia de los científicos formados en Valencia que posteriormente crearon grupos de investigación en otras universidades.
Una técnica sencilla para hacer ciencia en tiempos difíciles
Uno de los factores clave que permitió avanzar en estas investigaciones fue el uso de emulsiones fotográficas, una técnica barata que hacía posible estudiar partículas subatómicas mediante las trazas que dejaban en placas fotográficas observadas al microscopio. Este método resultó esencial para desarrollar un programa científico adaptado a las limitaciones materiales de la Facultad de Ciencias de Valencia.
Pese al aislamiento internacional de los años cincuenta, el grupo logró establecer colaboraciones en el extranjero que facilitaron el acceso a placas fotográficas y a instalaciones como aceleradores y reactores. Gracias a ello, pudieron integrarse en redes científicas internacionales.
Presencia en el CERN y papel de las mujeres microscopistas
La tesis también analiza la participación del grupo valenciano en el CERN durante el periodo en que España formó parte de la organización (1961-1968). En ese contexto se iniciaron investigaciones con cámaras de burbujas y se abrieron oportunidades de formación y colaboración internacional.
Un aspecto especialmente destacado es el trabajo de las mujeres microscopistas, responsables de medir con precisión las trazas de partículas en las emulsiones, una labor fundamental y a menudo invisibilizada en la historia de la ciencia.
Del laboratorio precario al Instituto de Física Corpuscular
El estudio muestra también la lucha del grupo por lograr estabilidad institucional, que culminó en 1970 con su reconocimiento oficial como Instituto de Física Corpuscular (IFIC), centro coordinado entre el CSIC y la Universitat de València. En ese momento ya existían tres líneas consolidadas de investigación: bajas energías, altas energías y radiactividad ambiental.
La tesis aborda además la importancia de la Junta de Energía Nuclear como principal fuente de financiación, la estrecha relación entre investigación y docencia, y la producción de más de treinta tesis doctorales hasta 1973, en una época en que hasta 1954 debían defenderse en Madrid.
Ciencia, redes y resistencia en el franquismo
En conjunto, el trabajo de Agustín Ceba Herrero aporta una mirada renovada sobre la historia de la ciencia en España durante el franquismo, mostrando cómo la combinación de ingenio técnico, redes internacionales y compromiso colectivo permitió consolidar una disciplina puntera en condiciones adversas.
Como señala el propio autor, «no es sólo una historia de aceleradores y partículas, sino de personas que creyeron en un proyecto colectivo y que abrieron camino en un momento complicado».



