La investigación, publicada en la revista científica PNAS, identifica cómo emociones como la rabia, la ansiedad, el fastidio o la esperanza generan sensaciones corporales específicas en contextos políticos.
Palma, 6 de julio de 2026. Un estudio internacional con participación de la Universitat de les Illes Balears aporta una nueva mirada sobre el papel de las emociones en la política al demostrar que no solo se piensan o se expresan, sino que también se viven físicamente en el cuerpo.
La investigación, publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se enmarca en el creciente interés por entender cómo influyen las emociones en la participación democrática, los comportamientos electorales y fenómenos como la polarización.
Los resultados muestran que emociones habituales en el ámbito político, como la rabia, la ansiedad, el fastidio o la esperanza, generan sensaciones corporales concretas. Cada emoción presenta una especie de “mapa corporal” propio, con zonas del cuerpo donde la activación o la desactivación se perciben con mayor intensidad según el tipo de emoción y el contexto en el que aparece.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que estas emociones cambian cuando se trasladan al terreno político. Así, el fastidio político puede activar más partes del cuerpo que el fastidio cotidiano, mientras que otras emociones, como la esperanza o la ansiedad, muestran diferencias en su intensidad y distribución corporal.
Este hallazgo sugiere que las emociones políticas no son simplemente emociones generales aplicadas a la política, sino experiencias cualitativamente distintas, con una dimensión corporal propia.
La investigación también señala que la participación política, como votar, firmar peticiones o participar en protestas, no depende tanto de la intensidad con la que las personas dicen sentir una emoción, sino de cómo de fuertemente la experimentan en su cuerpo. Esta dimensión física podría ayudar a explicar por qué algunas personas se implican más que otras en la vida política.
El estudio se basa en una muestra representativa de 992 participantes y utiliza la herramienta emBODY, que permite visualizar las emociones sobre una silueta corporal. Los participantes indicaban en qué zonas del cuerpo sentían activación o desactivación asociada a cada emoción, lo que permitió captar no solo qué sentían, sino también cómo lo vivían físicamente.
Según el doctor Alejandro Gálvez-Pol, profesor del Departamento de Psicología de la Universitat de les Illes Balears y coautor del estudio, “entender cómo las emociones políticas se sienten en el cuerpo nos ayuda a comprender mejor por qué las personas se implican en la vida democrática y cómo se generan fenómenos como la polarización”.
El trabajo plantea así que la política no es solo una cuestión de ideas, opiniones o posicionamientos, sino también una experiencia corporal. Reconocer esta dimensión física abre nuevas vías para estudiar la relación entre emociones, cuerpo y democracia.
La investigación se ha realizado con la participación de investigadores de las universidades de Londres y Vanderbilt, en Estados Unidos, en el marco de un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidad y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional.



