El barco más grande de la XXII Copa del Rey Repsol de Barcos de Época mantiene buena parte de sus instrumentos y mobiliario originales, incluida una bañera todavía operativa. Diseñada por William Fife III, la embarcación continúa navegando habitualmente casi un siglo después de su botadura.
Mahón, 27 de agosto de 2026. Con casi 40 metros de eslora, Altair es el barco más grande de cuantos participan en la XXII Copa del Rey Repsol de Barcos de Época. Una goleta aurica diseñada por William Fife III y botada en Escocia en 1931 que, cerca de cumplir un siglo, conserva buena parte de la apariencia, los instrumentos y el mobiliario con los que comenzó a navegar.
Su capitán, Fernando Pacheco, se refiere a ella cariñosamente como «la vieja señora». La filosofía a bordo consiste precisamente en preservar al máximo su configuración histórica, aunque adaptándola discretamente a las necesidades de la navegación actual.
«Tenemos una especial atención en mantenerlo lo más fiel al original», explica Pacheco. Los modernos instrumentos de navegación permanecen ocultos detrás de un panel, mientras que elementos como la brújula, los relojes y otros equipos de época continúan a la vista en sus ubicaciones originales.
Una bañera de 1931 que todavía funciona
Ese cuidado por conservar la esencia de Altair se extiende a prácticamente todo su interior.
Durante una de las reformas se aprovechó el antiguo armario destinado a guardar los trajes de agua para instalar una ducha. Sin embargo, a pocos metros continúa el baño original con su bañera de época todavía en funcionamiento.
La goleta dispone además de cinco camarotes para invitados, simétricos entre sí y equipados con sus lavabos originales. Mantener estos elementos supone un reto cada vez mayor ante la dificultad para encontrar piezas de recambio.
«La gente que las hacía ya no existe», señala Pacheco.
El interior es, según su propio capitán, «prácticamente laberíntico», con numerosos camarotes, pasillos y puertas que obligan a conocer perfectamente la distribución de una embarcación de estas dimensiones.
Mantener un velero histórico como Altair exige además asumir muchas más funciones que las estrictamente relacionadas con la navegación. «Ser capitán de un barco así te obliga a ser también restaurador, anticuario, jefe de personal, hotelero…», explica Pacheco.
Un barco histórico que continúa navegando
Pese a su antigüedad y excepcional estado de conservación, Altair no es una pieza de museo. La goleta continúa navegando habitualmente como embarcación privada de crucero de su propietario y su familia y cuenta entre sus éxitos deportivos con la victoria en la Panerai Transat Classic.
Su participación en la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época de Mahón ni siquiera estaba prevista inicialmente. La tripulación se encontraba navegando por la zona y decidió incorporarse a la competición.
Lo ha hecho, además, en configuración de crucero y sin sus velas específicas de regata, que permanecen en su base. Una circunstancia que explica que el objetivo de Altair en la clase Big Boats no sea luchar por la victoria.
Registrada en Southampton desde su botadura y con bandera inglesa, pese a que su armador es suizo y compite bajo el pabellón de la Société Nautique de Genève, la embarcación mantiene una filosofía mucho más sencilla durante su estancia en Menorca: «Disfrutar de navegar y del mar a bordo de una embarcación única».
Su presencia junto a otros grandes veleros históricos, como Cariad, de 1896, ha dejado además algunas de las imágenes más espectaculares de esta edición de la Copa del Rey Repsol, demostrando que Altair, casi un siglo después de abandonar por primera vez el astillero, continúa haciendo aquello para lo que fue construido: navegar.



