La sede de Banca March en Palma es mucho más que un edificio corporativo: es un símbolo urbano que combina memoria familiar, arquitectura con visión de futuro y una integración natural en la vida de la ciudad. Desde su inauguración en 1976, este inmueble se ha consolidado como un referente que respira con Palma, transformándose con los tiempos sin perder su esencia.
Palma, 30 de agosto de 2025. En pleno corazón de la ciudad, sobre una generosa parcela de 5.280 m², se alza desde 1976 el emblemático edificio de la sede de Banca March. No es solo una sede corporativa: es un icono arquitectónico nacido del legado familiar, abierto al entorno urbano y en plena transformación hacia el futuro.
Un edificio con pasado, presente y futuro
La sede fue inaugurada el 1 de marzo de 1976, fruto del diseño del arquitecto Felipe Lafita y de la dirección constructiva de Rafael Llabrés. El proyecto se concibió como la primera fase de un complejo abierto en manzana, que debía completarse con usos mixtos: oficinas, viviendas, comercios y hasta hotel. El solar, limitado por la avenida Alejandro Rosselló y las calles Arturo Rizzi, Luis Martí y Mistral, se urbanizó con visión de ciudad: una plataforma ajardinada a cota +2,82 m, con porches, escaleras suaves y patios abiertos al público.
La intención era clara: crear un edificio que respirase Palma, que no se cerrara sobre sí mismo, sino que se integrara en el pulso ciudadano.


Una volumetría que colecciona niveles
El recorrido vertical del edificio va desde los –6,68 m hasta los +31,02 m, articulando una clara jerarquía de usos:
- Sótanos: aparcamientos, archivos y naves acorazadas, concebidos como espacio seguro y funcional.
- Semisótano: dependencias con contacto directo con el público y áreas de seguridad.
- Planta baja: gran patio de atención ciudadana, que conecta también con el centro cultural de la entidad.
- Plantas bandeja: dos niveles nobles, diáfanos y flexibles, proyectados como corazón de la actividad bancaria.
- Cuerpo superior y ático: cuatro plantas destinadas a oficinas directivas y viviendas de conserjería, rematadas por un ático técnico con maquinaria y ascensores.
El edificio cuenta con dos núcleos verticales con escaleras y grupos de tres ascensores, integrados con los conductos de instalaciones. La circulación de empleados y clientes se diseñó independiente, para garantizar fluidez y seguridad.


Racionalismo mediterráneo
La fachada resume la vocación de permanencia y sencillez buscada por Lafita. Prefabricada en hormigón Escofet, con ventanas retranqueadas 75 cm para dar sombra y aislamiento acústico, la piel blanca del edificio refleja la radiación solar y dialoga con la luz mediterránea.
Los interiores se cuidaron con detalle: moquetas en despachos, mármoles en zonas nobles, gres en áreas de servicio, techos acústicos y carpinterías de maderas finas. Todo bajo un principio de escala humana, lejos del “falso monumentalismo bancario” que solía caracterizar a las sedes financieras de la época.


Reforma 2020: una mirada cercana y moderna
En 2020, el edificio dio un nuevo salto funcional. Se reformaron 1.600 m² en espacios abiertos, luminosos y centrados en la experiencia del cliente.
- En planta baja, se habilitó una recepción moderna, zonas tecnológicas y de autoservicio, salas de reuniones, tres puntos de caja y un área exclusiva de Banca Privada.
- En la planta superior, se destinaron 19 puestos a Grandes Empresas y 7 a Banca Patrimonial, con seis salas de reuniones pensadas para el diálogo y la atención personalizada.
- Se incorporó un nuevo ascensor que mejoró la accesibilidad sin renunciar a la esencia original de las escaleras.
El semisótano, que acoge aulas de formación y un servicio médico, será la próxima etapa de modernización.



El futuro: un corazón urbano integrado
El proyecto original contemplaba una segunda fase con usos mixtos —comerciales, residenciales y hoteleros— que nunca se llegó a ejecutar. Hoy, esa visión cobra nueva fuerza: el edificio no es una cápsula corporativa, sino una pieza urbana llamada a transformarse en un gran corazón ciudadano, donde convivan trabajo, cultura, vivienda y ocio.
Conmueve a quienes conocen Banca March porque es un legado familiar que se funde con Palma, construido con humildad pero también con ambición urbana; porque su diseño es inclusivo y su plataforma ajardinada y abierta habla de convivencia; porque su interior reformado conserva el humanismo y la cercanía, sin renunciar a la formalidad financiera; y porque ha sabido mantener su identidad al tiempo que se proyecta hacia un futuro urbano y ciudadano. Casi medio siglo después de su inauguración, la sede de Banca March sigue siendo lo que su arquitecto imaginó: un edificio que no solo se alza sobre Palma, sino que respira con ella.
Pese a su relevancia arquitectónica, urbana y simbólica, el edificio de la sede de Banca March no cuenta con ningún tipo de protección patrimonial por parte del Ajuntament de Palma. Ni está catalogado ni goza de medidas específicas que garanticen su conservación futura. Este hecho resulta llamativo, dado que se trata de una construcción singular en el paisaje urbano de la ciudad, fruto de un proyecto arquitectónico con visión integradora y con un valor histórico ligado tanto a la memoria familiar como al desarrollo urbano de los años setenta.
Este artículo lo ha inspirado Flipau amb Pere Garau y su equipo de voluntarios que trabajan por poner en valor el patrimonio material e inmaterial de la barriada. Muchas gracias por cuidar de nuestra ciudad.


