Un estudio desarrollado por investigadores del IFISC y del CEAB demuestra cómo el aprendizaje profundo permite cartografiar con gran precisión la Posidonia oceanica a escala mediterránea
Palma, enero de 2026. Las praderas marinas se encuentran entre los ecosistemas más valiosos y, al mismo tiempo, más amenazados del planeta. En el Mediterráneo, la Posidonia oceanica desempeña un papel clave en la protección del litoral, el mantenimiento de la biodiversidad marina y el almacenamiento de carbono. Sin embargo, estos auténticos bosques submarinos están desapareciendo a un ritmo alarmante a causa del desarrollo costero, la contaminación y el cambio climático, lo que hace imprescindible contar con herramientas eficaces de seguimiento y conservación.
Un equipo de investigadores del Instituto de Física Interdisciplinaria y Sistemas Complejos (IFISC, CSIC-UIB) y del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) ha desarrollado un innovador marco de inteligencia artificial capaz de transformar la forma en que se observan y protegen estos hábitats. El estudio, publicado en la revista científica Ecological Indicators, presenta el modelo CAMELE (Consensus for Automated Marine Ecosystem Labelling and Evaluation), basado en aprendizaje profundo aplicado a imágenes de satélite para detectar y cartografiar automáticamente la Posidonia oceanica y otros hábitats bentónicos con una precisión sin precedentes.
Según explica Manuel A. Matías, investigador del IFISC, “nuestro enfoque va más allá de los estudios locales de prueba de concepto y ofrece una herramienta sólida y generalizable para la cartografía de hábitats a gran escala”. La combinación de aprendizaje automático con una extensa base de datos ecológicos permite monitorizar el fondo marino mediterráneo de forma más rápida, fiable y a una fracción del coste de los métodos tradicionales basados en trabajo de campo.
El sistema se apoya en redes neuronales convolucionales entrenadas con imágenes multiespectrales de alta resolución procedentes de PlanetScope, una constelación de satélites de observación terrestre con cobertura global diaria, junto con 19 años de datos de hábitats marinos facilitados por el Govern de les Illes Balears. El conjunto de datos analizado abarca unos 2.500 km² de costa, incluyendo Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera.
Para evaluar la capacidad de generalización del modelo, los investigadores entrenaron CAMELE con datos de una sola isla y validaron sus predicciones en el resto del archipiélago. El resultado fue especialmente significativo: el sistema identificó correctamente las praderas marinas incluso en entornos ecológicamente distintos, demostrando una alta capacidad de adaptación a nuevas regiones.
En las pruebas realizadas, CAMELE alcanzó una precisión media superior al 90 % en la identificación y delimitación de praderas marinas, medida mediante el índice Intersection-over-Union, una métrica estándar en segmentación de imágenes. Además, el estudio incorpora nuevos criterios de evaluación diseñados específicamente para este tipo de análisis, lo que permite una valoración más realista de los resultados. En palabras de Álex Giménez, investigador del IFISC, “lo que hace que CAMELE destaque es su robustez, ya que incluso en condiciones ambientales desconocidas produce mapas fiables y coherentes con las observaciones de campo”.
Más allá de su relevancia científica, el carácter abierto y accesible del proyecto convierte a CAMELE en una herramienta de gran valor para la conservación marina. Los modelos entrenados y una plataforma de visualización en línea están disponibles libremente, lo que facilita que investigadores, administraciones ambientales y responsables políticos puedan adaptar el sistema a otras regiones del Mediterráneo y coordinar estrategias de protección a largo plazo.
Tal como señala Manuel A. Matías, “las herramientas de monitorización basadas en inteligencia artificial permiten detectar de forma temprana la pérdida o fragmentación de las praderas marinas y facilitan respuestas de gestión más rápidas y eficaces”. De cara al futuro, el equipo prevé ampliar el marco de análisis para incorporar nuevos indicadores de salud de los ecosistemas y extender su aplicación más allá de las Illes Balears, abriendo así el camino a una nueva generación de sistemas de monitorización ecológica capaces de seguir el ritmo del acelerado cambio ambiental.



