Un estudio pionero confirma que el BPA, prohibido en la Unión Europea desde 2025, puede llegar al torrente sanguíneo tras su liberación en el tracto digestivo, afectando a los mecanismos de defensa intestinal y hepáticos.
Palma, 12 de febrero de 2026. Un equipo de investigadores de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) ha publicado un estudio en la revista Environmental Pollution en el que analiza los riesgos derivados de la ingestión accidental de microplásticos con aditivos químicos. El trabajo se centra en el bisfenol A (BPA), un compuesto utilizado en la fabricación de plásticos que, aunque fue prohibido en la Unión Europea en enero de 2025, sigue presente en numerosos materiales de uso cotidiano.
El estudio, desarrollado por cinco grupos de investigación de la UIB, demuestra que el BPA asociado a microplásticos puede liberarse en el tracto digestivo y alcanzar el torrente sanguíneo, confirmando así su biodisponibilidad. Los resultados obtenidos en modelos experimentales con ratas indican que el BPA unido a partículas sólidas es tan biodisponible como el BPA libre, e incluso presenta una tendencia a valores más elevados, probablemente debido a su mayor permanencia en el intestino.
Los investigadores recuerdan, además, que microplásticos de tamaño inferior a 20 micras pueden atravesar la barrera intestinal, lo que refuerza la preocupación sobre su capacidad para actuar como vehículo de sustancias químicas potencialmente nocivas.
Respuesta inflamatoria y estrés oxidativo
El estudio también ha identificado señales biológicas que indican estrés celular, inflamación y activación de mecanismos de detoxificación en los animales expuestos. Cuando el BPA y los microplásticos actúan conjuntamente, el organismo incrementa la actividad de enzimas antioxidantes, como la superóxido-dismutasa, encargada de neutralizar radicales libres, y aumenta proteínas relacionadas con procesos inflamatorios, como la mieloperoxidasa.
Asimismo, se observó una mayor expresión del gen UGT2b1, implicado en la metabolización y eliminación del BPA, tanto en el intestino como en el hígado. Estos datos sugieren que el cuerpo activa una respuesta coordinada para defenderse ante la exposición combinada de microplásticos y BPA, lo que podría alterar el equilibrio intestinal y forzar mecanismos de protección prolongados.
Aunque no se detectaron daños estructurales inmediatos en el intestino, los autores advierten de que la respuesta inflamatoria y oxidativa podría tener consecuencias a largo plazo para la salud.
Según el doctor Manuel Miró, coautor del estudio, “este trabajo confirma que los microplásticos no son solo un problema ambiental, sino también un vector de contaminantes químicos que pueden afectar a la salud. Comprender estos mecanismos es esencial para evaluar los riesgos reales y establecer estrategias preventivas”.
Cinco grupos de investigación implicados
El estudio ha sido elaborado por investigadores de los grupos FI-TRACE (Análisis por Inyección en Flujo y Análisis de Trazas), NUCOX (Nutrición Comunitaria y Estrés Oxidativo), Neurofisiol (Neurofisiología), LiRCaP (Litiasis renal y calcificación patológica) y MolONE (Biología Molecular, Geografía de la Salud y una Sola Salud), consolidando el trabajo interdisciplinar de la UIB en el ámbito de la salud ambiental.



