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La vida de Antonio Gaudí en Palma durante la restauración de la Catedral

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Entre 1904 y 1914, Antonio Gaudí dejó su impronta en la Catedral de Mallorca al liderar un ambicioso proyecto de restauración encargado por el obispo Pere Joan Campins. Aunque su intervención fue polémica en su época, hoy se considera esencial para la identidad de la Seu, donde el arquitecto catalán buscó devolver la luz y la amplitud originales al templo.

Palma, 5 de abril de 2025. Antoni Gaudí realizó una importante restauración en la Catedral de Mallorca entre 1904 y 1914, con la colaboración del arquitecto Josep Maria Jujol. Durante su intervención, Gaudí retiró el coro de la nave central, colocó el baldaquino sobre el altar y despejó la visual de la cátedra, retirando también retablos góticos y barrocos para devolver al templo su carácter original.

El baldaquino, concebido inicialmente como una maqueta, está compuesto por materiales efímeros como papel, cartón y calabazas, y simboliza elementos de la eucaristía como el pan y el vino. Además, incluye un tapiz que representa al Espíritu Santo protegiendo la ceremonia. Gaudí también pintó de dorado la cátedra y decoró su entorno con escudos de obispos y hojas de olivo, aludiendo al domingo de ramos y al aceite de unción.

Jujol, por su parte, se encargó de la pintura del coro en dos estilos diferenciados: uno ordenado y simbólico que resalta la figura de Jesús como luz divina, y otro más expresivo y abstracto que, con chorretones rojos, evoca la crucifixión de Cristo y recuerda el estilo de Henri Matisse. Este enfoque buscaba transmitir emociones a través del color y la simbología religiosa.

La huella de Antonio Gaudí en Palma se encuentra especialmente ligada a la Catedral de Mallorca, donde el célebre arquitecto catalán dejó su impronta entre 1904 y 1914. Aunque su estancia en la isla no fue continua, sus visitas recurrentes y la dirección de los trabajos de restauración de la Seu marcaron una etapa importante tanto para el arquitecto como para la historia del monumento.

Invitado por el obispo Pere Joan Campins, un hombre progresista con un interés renovador hacia la arquitectura religiosa, Gaudí llegó a Palma con el encargo de modernizar la Catedral siguiendo las directrices del movimiento litúrgico, que buscaba una mayor cercanía entre el altar y los fieles. La intención era devolver al edificio su espíritu original, recuperando la luz y la amplitud que los siglos de reformas habían ocultado.

Durante su intervención, Gaudí llevó a cabo una serie de modificaciones que, aunque polémicas en su momento, hoy se consideran esenciales para la identidad de la Seu. Destaca especialmente la reubicación del coro desde el centro de la nave al presbiterio, mejorando tanto la visibilidad como la acústica del templo. Asimismo, introdujo mobiliario nuevo, elementos decorativos y luminarias diseñadas por él mismo.

Su método de trabajo en Palma era peculiar. Gaudí residía en la isla durante temporadas intermitentes, supervisando cada detalle de la restauración y colaborando estrechamente con artesanos locales. Entre ellos se encontraba Joan Rubió, uno de sus discípulos más fieles, que actuó como ayudante y enlace en muchas ocasiones.

El arquitecto también mostró un gran interés por el entorno natural de la isla, que le inspiró en varios aspectos de su obra. Se dice que quedó fascinado por la luz mediterránea que atravesaba los ventanales góticos de la Catedral, algo que influyó en su tratamiento de la iluminación interior.

Pese a la magnitud de su trabajo, el proyecto de Gaudí quedó inconcluso tras su marcha en 1914 debido a desacuerdos con algunos sectores eclesiásticos y artísticos de la ciudad. Sin embargo, su legado perdura en elementos tan icónicos como el baldaquino sobre el altar mayor, una estructura ligera y monumental que parece flotar en el aire, demostrando su maestría en la combinación de funcionalidad y simbolismo.

La etapa de Antonio Gaudí en Palma no solo dejó una profunda transformación en la Catedral de Mallorca, sino que también marcó un momento clave en su propia evolución artística. La Seu se convirtió en un laboratorio de experimentación donde el genio catalán pudo explorar nuevas ideas y conceptos que más tarde perfeccionaría en obras tan emblemáticas como la Sagrada Familia de Barcelona.

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