Peque Armario viste de humanidad a las familias más necesitadas

En la calle Josep Rover Motta, 20 de Palma se encuentra el local de la Fundación Escribano, Peque Armario, que dona ropa, juguetes y accesorios como sillitas para coches o carritos, que reciben de particulares, de la Cruz Roja o de Asuntos Sociales, a familias con necesidades especiales. Las herramientas digitales, como las redes sociales, son las antorchas por donde, no solo llegan las donaciones, sino también los voluntarios, que se quedan maravillados con los feed de instagram y esa labor humanitaria y voluntaria que hace crecer nuestras autoestima como seres sociales.

Estos voluntarios no necesitan presentación porque son del jugo de la Tierra, de la raíz más honda que cede su espacio y su tiempo para rellenar las bolsas de lana, trapito y aloe vera. Son los que han curtido la línea del tiempo con su propia experiencia, con su dolor y sus anhelos como Maricarmen que viene cada martes con sus dos hijas desde hace un año y medio «Ellos me ayudaron mucho al principio. Me divorcié por violencia de género. Animaría a la gente a que ayude, a colaborar, con la ropa, con todas las cosas de bebé. Porque como veis, hay muchísima gente esperando«.

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Luchy, es una de las principales responsables del proyecto y nos indica que con los cambios de estación vienen más familias a solicitar las donaciones. En estos días ya vienen a por la ropa de invierno. La media de familias que viene los martes, es de alrededor, de treinta familias.

«Podemos ayudar a devolverles la sonrisa por un juguete o el calor por una prenda de ropa«. Con este lema dejan claro su intención, su ilusión. Carlos es el recién llegado. Empieza hoy y desenvuelve con tal soltura que parece haber seguido todos los stories de instagram y mostrar ahora todo lo aprendido. También está Maritza, que supervisa un abrigo rosa de bebé, Lo dobla con gran destreza, bailando con la música bachatera que ha puesto Javi para amenizar la jornada. «Aquí llevo dos meses siendo voluntaria. Me encanta, me apasiona esto. Apoyo a la Fundación porque ayuda realmente a las personas más necesitadas. Me enriquece como persona. Siento que no soy yo la que doy, sino que esto me llena a mi«.

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Javier Escribano es el artífice de toda esta historia humana. «Tras varios años realizando colaboraciones con diferentes causas, en 2014 surge la idea de crear la Fundación para poder gestionar un cauce fijo de aportaciones y ayudas. El resultado es poder realizar proyectos solidarios en favor de la infancia, para luchar contra la pobreza y la desigualdad«. Este filántropo se considera una persona afortunada. A pesar de trabajar unas 12 horas diarias y gestionar una empresa de pintores con 50 empleados, necesita compartir esa suerte con los más necesitados. Por ello aporta más de treinta mil euros al año y canaliza las ayudas que van llegando para cumplimentar todos sus objetivos humanitarios.

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En este ambiente que rezuma moléculas de pura vida. Que arrastran hacia la orilla de nuestras calles tantas vidas en busca de otra mejor. De otra oportunidad para coger el remo de su familia. «La misión de la Fundación Escribano es lograr la igualdad de oportunidades para los niños y niñas más desfavorecidos. Con este fin impulsamos acciones solidarias para luchar contra la pobreza y la desigualdad, a nivel local, nacional e internacional«.

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A pesar de que ahora están muy centrados en las familias mallorquinas, la labor de la Fundación ha traspasado fronteras. «Hemos hecho cositas en la India, en Filipinas, República Dominicana, Senegal, Tanzania, Rusia, Costa Rica, prácticamente por todo el mundo«, nos cuenta Javi. Sus principales proyectos han sido la lucha contra el ELA, Bancos de alimento y orfanatos de niños y niñas en Bolivia y República Dominicana.

Luchy es la cofundadora de Peque Armario y nos explica cómo gestiona las donaciones de las personas que las solicitan en el local. «Les tomamos nota de sus datos personales. Siempre del adulto. Y luego los niños que vienen a recoger la ropa, la edad, la talla de zapatos, si alguna necesita una cuna, los pañales. A partir de ahí todos los voluntarios se dedica a conseguir lo que vamos apuntando«.

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Susana colabora desde este verano y echa de menos ayudas institucionales que puedan dar mayor solvencia y cobertura al proyecto. Lo que más le ha llamado la atención como voluntaria es «poder ayudar a tanta gente que lo necesita en estos momentos. Es un trabajo duro porque tampoco tenemos mucho apoyo de las instituciones. Peor bueno, se hace lo que se puede«. A Mariela también le llena ayudar a los más necesitados «Echar una mano, colocar. sentirse bien uno mismo y hacer el bien«.

Toda esta grandeza podría resumir todas nuestras alabanzas en tejido próximo y manos de terciopelo. Dotes que poseemos todos a pesar de de mirarnos demasiado en el espejo.

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FUNDACIÓN ESCRIBANO