Pomelo Cerámica de Pini Ponce

Pini Ponce se afincó en Mallorca este 2020 junto a su familia. Su artesanía ha traspasado el atlántico y nos ha conquistado con sus detalles marinos y su ternura. Su armadura de carne y hueso suave como las olas que se amontonan en sus cuencos y en sus tazas. Elevadas a una temperatura incapaz de soportar la vida, sana y recompone el barro creando un bizcocho empapado de sudor y lágrimas. A estas alturas del periplo y echando la vista atrás, no todo ha sido tan fácil.

Después de vender todas sus pertenencias en Argentina para iniciar una nueva vida en Mallorca, justo cuando cruzaban el Mediterráneo, su hijo Borja empezó a convulsionar. Se le diagnosticó epilepsia. Recién llegados se intentaban adaptar con esta primera dificultad. Encontraron piso y antes de amueblarlo sufrieron, sufrimos el batacazo de la pandemia. Imagínense qué situación. Aún así se recompusieron recorriendo la ciudad vacía con el salvoconducto que les habían dado en el hospital para que Borja pudiera pasear y evitar algún sobresalto.

Ahora está feliz en el taller de su ángel de la guarda. En el ángel de la guarda de muchos otros. La encantadora María Ménsua (https://www.instagram.com/fetdefang/?hl=es), una artesana que ha revolucionado el mercado de bisutería de cerámica en Mallorca. De hecho ha sido quien en le ha introducido en un nuevo material como es el gres; «me está gustando mucho porque al ser alta temperatura (cocción) la pieza es más resistente y tiene mejor calidad. El acabado es mucho más brillante«.

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Aunque durante el rodaje del reportaje nos hizo una demostración de su destreza manipulando el barro en el torno, nos hará una demostración con un cuenco de gres, que va a esgrafiar (se colocan dos capas de pintura y la artista raspa la capa superior para revelar la capa inferior). Nos enseña la pieza que ya ha pasado por el torno, aún está seca, «en hueso que se dice«. Primero la pintará con engobes, la tallará y la horneará para que se convierte en bizcocho (resultado de la primera cocción de arcilla). Después la esmaltará y la meterá en el horno a 1260 grados.

Su forma de negocio se encuentra visible a través de la red. Tiene un e-commerce, en donde vende a través de las plataformas de instagram y etsy. Aunque finalizó sus estudios de Arquitectura y es amante del modelo de construcción sostenible, se decantó por la artesanía y es en Argentina donde tiene a sus principales clientes, incluso en Hawaii, a donde tuvo que enviar un pedido. Considera que Europa está mas conectada entre países y los envíos son sencillos y rápidos.

Reconoce que las redes sociales son un nicho que no se puede desperdiciar y aprovecha su gusto por el diseño y la fotografía para hacer más atractivos sus Feeds. Su marido Juako le ayuda en el proceso de generar contenido, «es una parte reimportante de Pomelo«.

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Su inspiración proviene de la naturaleza. Le encanta el mar y sus temas tienen mucho que ver con ese medio. Los turquesas, azules y verdes nos hacen meternos en su barca de poesía. Nos arrastra a su fondo marino de una perturbadora flora que abraza nuestra parte más salvaje. «Me encanta la naturaleza, me encanta mirarla. Todas las texturas de las hojas, los movimientos, todo eso me fascina. Y me encanta plasmarlo en diferentes soportes«. Mientras pinta la pieza nos explica qué siente cuando se fusiona con ella «hago lo que me da placer en el momento. Busco disfrutar de lo que estoy haciendo, que fluya, disfrutarlo«.

Cuando hablamos del valor de la artesanía su cara se torna algo desalentadora ya que pone de relieve la necesidad de que se reconozca el trabajo hecho a mano. Mientras realiza la pieza la vemos como realizando unas líneas a lo largo del gres. «Me gustan mucho las líneas, me encanta hacer líneas, me da placer. Para mi esta parte es como meditar, me relaja.

Lo que más le gusta de Mallorca es el mar «nunca me voy a dejar de sorprender. Es el mar más lindo que vi«. De Palma le gusta todo, «es todo pintoresco. ahora que han iluminado la ciudad con las luces de Navidad, me fascina. Me gusta todo, todos los barrios. Después de los sobresaltos de su llegada a la isla, cunado llegó el verano pudo adentrarse en el Mediterráneo. «Me metía en el mar y podía encontrar momentos de mucha paz que me ayudaron a estar mejor. A ponerle honda. además tendo este lugar (el estudio/taller) en donde puedo canalizar, donde seguir creando. Eso para mi es clave. Yo lo que necesito es dibujar. Es mi cable a tierra«.

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Durante la cuarentena Pini pudo dedicarle tiempo a la ilustración y creó una serie de acuarelas llena de esos matices marinos que ya son tan característicos en sus piezas. Toda esta obra nueva es una proyección de todas esas emociones contenidas del traslado de país. Y esa terapia la ha llevado a estas láminas de una profundidad literal y bella. Su abuelo, de quien aprendió el bello oficio de la ilustración, debe flotar orgulloso en ese líquido amniótico y de placenta familiar.

Toda esta vorágine de creación ha sido retratada por el magnífico fotógrafo mallorquín Ricard Bonnín (https://www.ricardbonnin.com/) que ha dejado huella de la maravillosa tarea de Pini. Un abrazo a las 2. Os dejamos con el vídeo reportaje para que podáis apreciar la delicadeza firme de las manos de Pini moldeando el barro y escuchando sus reflexiones a viva voz. Un abrazo salado para [email protected]

DALE PLAY AL VÍDEO [REPORTAJE COMPLETO]

https://www.instagram.com/pomeloceramicart/