La exposición, comisariada por Cristina Anglada, podrá visitarse del 13 de febrero al 3 de mayo y propone un recorrido sensorial entre recuerdos, ficción y creación colectiva.
Palma. 13 de febrero de 2026. La artista popea inaugura la exposición Universitat Herbal. Xismes de pintoras, un proyecto que transforma el espacio expositivo en un laberinto emocional y narrativo donde la pintura se entrelaza con la memoria, la conversación y la experiencia compartida. La muestra abre sus puertas el 12 de febrero a las 18.00 horas y permanecerá abierta hasta el 3 de mayo en el Espacio D, bajo el comisariado de Cristina Anglada.
La propuesta se articula como una constelación de relatos íntimos sobre la práctica pictórica, alejándose de la idea de autoría individual para situar la figura de la pintora en un territorio colectivo, atravesado por voces, recuerdos y ficciones. Desde ese “no-lugar”, la memoria se activa como un ejercicio de reconstrucción y posibilidad: el pasado se revisita para imaginar otros futuros y otras historias posibles.
El proyecto nace de una experiencia compartida. Durante el verano de 2025, popea organizó el Campamento Jeleton junto al colectivo homónimo y el artista Rafael Martínez del Pozo en Es Pinaret. Aquella convivencia desplazó la práctica individual hacia un hacer colectivo, guiado por la conversación y la escucha. De ese proceso surgen evocaciones sobre la arqueología del deseo de ser artista, incluyendo la llegada a una facultad de Bellas Artes en los años noventa, con sus fascinaciones y desencantos.
El mar aparece como metáfora y portal. Los baños veraniegos interrumpían el ensimismamiento y abrían pasajes hacia otros mundos posibles. En la exposición, esa experiencia se traduce en un espacio donde lo recordado se vuelve real y lo contado transforma a quien escucha.
Al entrar, el visitante se encuentra con telas teñidas con elementos orgánicos y naturales, imágenes oxidadas que evocan pensamientos y recuerdos. El sonido no coincide del todo con lo visible: textos leídos interfieren en las imágenes y generan una sensación de desajuste que invita a la atención pausada. La sala se convierte así en un lugar de escucha compartida.
Una mesa con libros traza la genealogía de escritoras que han acompañado el proyecto, mientras que la imagen del antiguo edificio de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca aparece como un recuerdo detenido, invadido por la vegetación, convertido en bosque interior. En el recorrido, un garabato insistente atraviesa los papeles como una zarza que oculta y protege, señalando también la necesidad de denuncia y de ruptura de silencios dentro de los grupos.
En ese gesto de hablar —de compartir chismes, confesiones y memorias— surgen nuevas formas de comunidad, más vulnerables pero también más justas. La exposición plantea así una pregunta abierta: ¿qué historias emergen cuando se nombra lo que estaba oculto?
Con esta muestra, popea propone una experiencia que va más allá de la contemplación estética para convertirse en un acto de resistencia íntima y colectiva, donde cada palabra y cada trazo reabren el espacio para imaginar otras formas de convivencia.



