El escritor e investigador naval presenta en el Club de Mar-Mallorca Los barcos de Don Juan de Borbón. Un marino singular, una obra que recorre la relación del padre de Juan Carlos I con la navegación y destaca el papel del Saltillo y los Giralda en su vida.
Palma, 14 de agosto de 2026. La faceta marinera de Don Juan de Borbón ha protagonizado una de las actividades culturales celebradas en el marco de la XXXI Illes Balears Clàssics. El Club de Mar-Mallorca acogió la presentación de Los barcos de Don Juan de Borbón. Un marino singular, obra del escritor e investigador naval Luis Tourón Figueroa, ilustrada por Ignacio Muñoz Pidal y presentada por el escritor y diplomático Fernando Schwartz Girón.
El escenario elegido guarda una estrecha relación con la historia que aborda el libro. El Club de Mar-Mallorca fue durante años uno de los lugares vinculados a la vida marinera de Don Juan durante sus estancias en Mallorca, especialmente a través del Giralda, que tuvo allí su punto de amarre.
Esta relación se encuentra documentada desde la década de los setenta y se prolongó durante los años siguientes. Una fotografía conservada por la Casa Real recoge incluso el momento en el que el rey Juan Carlos I se despidió de su padre en el Club de Mar-Mallorca el 9 de agosto de 1984, antes de que Don Juan zarpara para uno de sus cruceros.
Una historia marinera poco conocida
Tourón deja claro que su obra no pretende ser una nueva biografía de Don Juan de Borbón, sino recuperar una parte de su trayectoria que, a su juicio, no ha recibido suficiente atención: su relación personal y deportiva con el mar.
El investigador explica que existen alrededor de una treintena de obras dedicadas a Don Juan, pero apenas se ha estudiado específicamente su trayectoria como navegante fuera de su dimensión profesional y militar.
«Lo deportivo es lo mío, porque yo me dedico un poco a la historia naval deportiva, que es la que no está documentada», señala Tourón.
El propósito del libro es precisamente mostrar que «Don Juan fue un hombre de mar» y no simplemente un aficionado a la vela y las regatas.
Para reconstruir esta vertiente, el autor ha trabajado con documentación procedente de fondos de la Armada, el archivo de ABC y diferentes archivos privados. Entre ellos se encuentran los de Alfonso Ussía, que aportó fotografías y numerosas anécdotas relacionadas con Don Juan.
El proyecto contó además con el respaldo de Juan Carlos I, quien animó a Tourón a desarrollar la idea cuando este le planteó investigar la historia marinera de su padre. El Rey Emérito firma también el prólogo de la obra.
El Saltillo, un barco fundamental en su vida
Entre las diferentes embarcaciones que aparecen en el libro, Tourón concede una importancia especial al Saltillo. El barco pertenecía a Pedro Galíndez, gran amigo de Don Juan, quien ponía la embarcación a su disposición durante los veranos junto con su tripulación.
El Saltillo desempeñó además un papel especialmente significativo durante los años del exilio de la familia en Estoril. En 1956, tras la muerte accidental del infante Don Alfonso, Don Juan decidió embarcarse junto a su familia rumbo a Tánger.
Para Tourón, aquel episodio permite comprender hasta qué punto el mar formaba parte de la vida del conde de Barcelona y de su forma de afrontar incluso los acontecimientos personales más dolorosos. «La mar le sirvió a Don Juan como paño de lágrimas, probablemente», explica.
Posteriormente llegarían otras embarcaciones estrechamente ligadas a su trayectoria, entre ellas el primer Giralda, que mantuvo durante aproximadamente una década, y un segundo Giralda, un motovelero construido en Escocia que acabaría convirtiéndose en su último barco.
Tourón recoge una expresión que resume la importancia que alcanzó la navegación en su vida: «La casa de Don Juan era el Giralda».
El legado de la vela clásica en Mallorca
La presentación de la obra dentro de la Illes Balears Clàssics enlaza también con otro de los aspectos abordados por Tourón: la contribución de Don Juan de Borbón a la recuperación y conservación de la vela clásica.
La antigua Regata Almirante Conde de Barcelona, impulsada en Mallorca por Don Juan y celebrada durante 30 ediciones, tuvo entre sus objetivos fomentar la recuperación de embarcaciones clásicas que se encontraban abandonadas o corrían el riesgo de desaparecer.
El impulso generado por aquella competición contribuyó a que diferentes barcos fueran restaurados y recuperados como parte del patrimonio marítimo.
Para Tourón, conservar estas embarcaciones significa preservar también las historias que contienen. «Tener un barco clásico no es simplemente lucir un barco muy bien barnizado y muy bonito. Hay que cuidarlo, hay que mimarlo, ya que los barcos son seres vivos. Y casi todos tienen una historia detrás, o varias», afirma.
El investigador pone como ejemplo el Tonino, antigua embarcación de la Casa Real en la que también navegó Don Juan y que actualmente se encuentra en proceso de restauración. El objetivo es que el barco pueda regresar a aguas españolas y volver a navegar, recuperando así otra parte de la historia náutica ligada a la Familia Real.



