31 de diciembre de 1229

31 de diciembre de 1229
31 de diciembre de 1229

Llevo más de 30 años viviendo en Palma y fue el otro día cuando me fijé en unas letras esculpidas en la estatua de Jaime I en la Plaza de España, en la parte de atrás, la que da a Avenidas. O en la Plaza de Islandia como quiso acuñar el movimiento 15 M al emblemático lugar en donde quedar con cualquiera de “foravila”, sin que se vuelva loco. 31 de diciembre de 1229. Nochevieja. Ahí va. ¿Qué se celebró en tan señalada fecha?. ¿Fue la fecha de la construcción de la plaza, de la estatua, de los excedentes de uva, de la primera reunión clandestina del populacho?.

Jaime I (1208-1276), conocido como el conquistador. Fue rey de Aragón, Valencia, Mallorca, conde de Barcelona, de Urgell, señor de Montpellier (sur de Francia), de donde era natural y otros títulos que habrían dejado a la Duquesa de Alba al borde del delirio en un besamanos. Nuestro jinete ensalzado, divisando las Avenidas y las rutinas, tuvo una vida complicada. Cuando a estas alturas, nuestra generación es incapaz de abandonar el nido de los padres y si lo hace se monta uno con amigotes, porque los salarios no dan para más, Jaime fue rechazado por su padre, Pedro II el católico (del reino de Aragón) que ya había repudiado a su esposa María de Montpellier, y tras un pacto matrimonial con ella, dejaron a su hijo bajo la tutela de Simón de Monfort, quien quería que Jaime se casara con su hija Amicia. Culebrón. Más que nada porque Jaime tenía por aquel entonces poco más de 3 años y la intención era dejarlo encerrado en el castillo de Carcasona hasta su mayoría de edad. Todo muy católico para aquella época. Y tuvo que intervenir el Papa Inocencio III para que los Templarios se hicieran cargo del bebé-rey. Cómo molan los templarios con sus capas y escudos blancos. Figuras tan reales, que a veces se las confundía con la leyenda de santos, como san Jorge, que aparecía de forma mística en plena batalla contra los moriscos y en realidad eran estos caballeros de Cristo.

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Lo curioso del asunto, es que tras quedarse huérfano, fue declarado mayor de edad con 10 añitos, y obligado a casarse con 13 con una pariente suya. El motivo parental hizo que se anulase el matrimonio y con 21 volvió a casarse con Violante, hija de Andrés II, rey de Hungría. Por fin en 1225 pudo hacerse cargo de los asuntos de estado. Pero claro, no todo iban a ser recepciones y caviar. Sus colegas nobles que no sabían quedarse quietos y conformes con sus privilegios, querían más tierras que explotar y pueblo que someter, así que entre unos y otros desde Navarra a Valencia le estuvieron dando por culo y Jaime tuvo que ponerse serio. Una vez más, el Papa tuvo que meterse de por medio y consiguió tras la firma de la Concordia de Alcalá (1227), que los nobles y el rey aunaran energías y medios contra la fuerza de ocupación mora.

Bueno a lo que iba, que ya nos acercamos a la fecha cincelada. Desde 1228 se planeaba la conquista de Mallorca que fue ocupada en el 903 por Issam al-Khawlaní, gobernante del Califato Omeya. La isla era refugio de piratas que navegaban a sus anchas por el mare nostrum, fastidiando la economía de mercaderes y comerciantes. Aunque ese no era el único motivo, porque la isla se encuentra en un lugar geopolíticamente estratégico y podía ser un puente para la expansión comercial hacia Oriente.

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Así que manos a las armas. Aunque los planes cristianos eran los de entrar por el norte, en concreto por Pollença, ayudados por un cacique de la zona, una gran tormenta hizo que la entente se reagrupara en el Sur, y decidieran desembarcar por Santa Ponça. A la carga. Los musulmanes se hallaban tras las murallas de Madina Mayurqa (Palma de Mallorca) y tras varios envites y escaramuzas, el 31 de diciembre de 1229, los cristianos entraron en la ciudad y rompieron las brechas enemigas, que huyeron despavoridos hacia las montañas.

Peculiaridades del momento son, que tras pasar a cuchillo a todo el personal que se interpuso en el camino de los cruzados, los cuerpos inertes quedaron esparcidos por toda la ciudad, lo que provocó una epidemia que diezmó al ejército de Jaime. Hasta que en el 1231 no se aniquiló a la resistencia que se hacía fuerte en la Serra de Tramontana, no se dio por conseguida la conquista total del territorio. Luego de la repoblación catalana, empezaron las ya conocidas actualmente, como tramas y los amiguismos, que no hicieron más que seguir importunando a Jaime, que tras sesenta y tres años de reinado y conquistas y cruzadas, murió en Alcira (Valencia). Fue amortajado por expreso deseo, con los hábitos del císter, que era una túnica blanca y un escapulario negro de esa Orden monástica católica.

Su biografía, que dictó, es el Libro de los Hechos (Llibre dels Feits). Personalmente voy a ver si me lo pillo, porque no debemos olvidar de dónde venimos y lo que hicimos, para no repetir algunas historias. Feliz año nuevo.