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El hombre que mantiene vivo a En Figuera

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Cada semana, Biel Julià sube las escaleras del Ajuntament de Palma para cuidar de un viejo amigo: el histórico reloj de Cort, conocido popularmente como en Figuera. Una máquina imponente, precisa y casi centenaria que marca el paso del tiempo desde las alturas, entre ruedas majestuosas y la mirada atenta de su relojero

Desde hace más de cinco años, Biel Julià es uno de los responsables del cuidado del reloj mecánico del Ayuntamiento de Palma. Lo hace junto a su padre, con quien comparte no solo el oficio de relojero, sino también la pasión por estos gigantes de engranajes y campanarios que siguen latiendo, silenciosos y puntuales, sobre nuestras cabezas.

Todo empezó con un aviso. Un amigo les comentó que había salido un anuncio en el periódico convocando un concurso para restaurar y mantener el reloj de Cort. Biel y su padre, especialistas en relojes de campanario, no lo dudaron. Se presentaron… y fueron los únicos.

Lo que vino después fue una restauración completa y artesanal, realizada in situ, en el mismo espacio donde habita el mecanismo. Hubo que desmontar pieza a pieza, sustituir cojinetes desgastados, pulir rodamientos y replicar elementos que ya no existen en el mercado.
Si se rompe algo, no puedes llamar a una fábrica. Ya no hay. Lo diseñas tú, lo fabrica un tornero, y cruzas los dedos para que encaje”, explica Biel. Así ha sido con cada componente que han tenido que revivir para devolver a en Figuera su precisión original.

Un reloj monumental

El reloj de Cort no es uno más. Es el doble de grande que la mayoría de mecanismos similares, con más de dos metros de longitud y unas ruedas imperiales tan grandes que Biel asegura no haber visto otras iguales en toda Mallorca.
Está muy bien diseñado, y eso se nota. Aunque es enorme, su mantenimiento es sencillo si lo tratas con cariño”, apunta.

Cada semana, Biel sube al Ayuntamiento y se sumerge entre engranajes: limpia impurezas, revisa el exceso de aceite, ajusta la hora y se asegura de que todo funcione con suavidad.
Muchos piensan que aceitarlo o limpiarlo es una tontería, pero si estuviera seco, el desgaste sería tremendo. Así le damos vida, lo alargamos”, explica, mientras describe el desmontaje y engrase completo que realizan cada cuatro o cinco años.

Una inteligencia mecánica con alma

Una de las curiosidades que más sorprende a quien se adentra en el mecanismo es su remontada automatizada: el reloj se da cuerda solo, dos veces al día, gracias a un sistema ideado por el maestro relojero Fernando Fernández, figura clave de la relojería española de mediados del siglo XX.

Fernández automatizó decenas de relojes por todo el país y su huella aún se reconoce en estaciones de tren, campanarios y, por supuesto, en Cort. Su sistema utilizaba motores domésticos —incluso de lavadoras— para remontar la cuerda. Aunque Biel y su padre han sustituido aquellos motores de 125 W por otros más fiables, han conservado los finales de carrera de mercurio: tubos que, al inclinarse, cierran el circuito y activan el mecanismo.
Una joya de la ingeniería artesanal que sigue funcionando con total fiabilidad más de medio siglo después.

Un latido que viene del siglo XIV

La historia de en Figuera se remonta al siglo XIV y está íntimamente ligada a la campana que le da nombre. En 1386, el Gran i General Consell adquirió una torre situada en lo alto de la calle Conquistador —conocida como la torre de les Hores— donde se instaló uno de los primeros relojes de torre de España, acompañado de una campana de 1.880 kilos fundida por el argentero Pere Joan Higuera, de quien heredó su denominación popular. Aquel primer reloj no medía el tiempo como lo hacemos hoy: marcaba las horas según el ciclo solar, iniciando un cómputo al amanecer y otro al atardecer, un sistema tan singular como avanzado para su época.

Tras siglos de servicio, la campana fue refundida en 1680 por Joan Cardell, dando lugar a la pieza actual, de 1.843 kilos, que no se trasladó al edificio de Cort hasta 1848, después de que un tornado dañara gravemente la antigua torre. El reloj que hoy marca la hora desde la fachada del Ayuntamiento es obra del francés Collin y sonó por primera vez el 10 de octubre de 1863, coincidiendo con el cumpleaños de la reina Isabel II. A lo largo de su historia, en Figuera no solo anunció las horas: también alertó de incendios, peligros, cambios de autoridades y el antiguo toque de queda, convirtiéndose en una voz pública de la ciudad. Restaurado y electrificado en 1964 por el relojero municipal Fernando Fernández, sigue siendo hoy una de las pocas campanas históricas que aún resuenan en Palma, manteniendo vivo un patrimonio sonoro y mecánico único.

La hora oficial de Palma

Desde el corazón del Ayuntamiento, en Figuera marca la hora tanto en la sala de plenos como en la emblemática fachada de Cort.
Al principio me imponía mucho respeto. Es un símbolo de la ciudad, todo el mundo lo mira”, confiesa Biel. “Ahora lo siento como un amigo, un hijo… o más bien un abuelito de 150 años al que conoces cada rincón”.

El vínculo que Biel ha forjado con el reloj va más allá de la mecánica.
Es una máquina, sí. Pero la he tocado entera, eje por eje. Le tengo aprecio. La mimo. Quiero que funcione bien. Para mí es especial”.

En tiempos de relojes inteligentes y segundos digitales, en Figuera sigue latiendo como un corazón metálico desde lo alto de Palma. Y mientras lo haga, allí estará Biel, recordándonos que el tiempo, como los oficios con alma, también puede tener rostro humano.

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