El Peque Armario de la Fundación Escribano celebra la Navidad

El Peque Armario de la Fundación Escribano celebra la Navidad

Desde que el local de la calle Josep Rover Motta, 20 de Palma se quedó pequeño, el fundador de la Fundación Escribano, Javier Escribano, puso todo su empeño en adquirir un espacio mayor para albergar más ropa y comida y proporcionar una mejor atención a los usuarios de Peque Armario. La demanda de ropa y alimentos ha crecido exponencialmente debido a la crisis sanitaria provocada por la Covid19 y en el Peque Armario de la Fundación Escribano, este grupo humano se ha cohesionado para dar a los usuarios una feliz Navidad.

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El pulso del proyecto siguen siendo los voluntarios que se dedican a organizar, colocar y repartir la ropa o los juguetes y las familias anónimas que donan toda esa ilusión dormida para que sean disfrutadas de nuevo por otros niños y niñas de familias con necesidades especiales. Todos los voluntarios destacan la energía y la satisfacción que les proporciona colaborar en la Fundación. Todos los martes por la tarde de 16 a 19 se entregan en cuerpo y alma a esta labor ambiciosa de normalizar que la vida tiene baches que hay que sortear y convertir en una simbiosis este gesto de necesidad que no merece de la humillación de la sociedad porque siempre debemos tener una actitud solidaria.

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Este año se creó «La Despensa del Abuelo» para dar cobertura a las necesidades de los abuelos y abuelas que no pueden llegar a final de mes. Javi reconoce que «muchos hijos ayudaban a sus padres pero debido al virus, la crisis o los ertes pues muchos hijos ya pueden ayudar a los padres y ahora les ayudamos nosotros y estamos súper contentos«.

Javier Escribano es el artífice de toda esta historia humana. «Tras varios años realizando colaboraciones con diferentes causas, en 2014 surge la idea de crear la Fundación para poder gestionar un cauce fijo de aportaciones y ayudas. El resultado es poder realizar proyectos solidarios en favor de la infancia, para luchar contra la pobreza y la desigualdad». Este filántropo se considera una persona afortunada. A pesar de trabajar unas 12 horas diarias y gestionar una empresa de pintores con 50 empleados, necesita compartir esa suerte con los más necesitados. Por ello aporta más de treinta mil euros al año y canaliza las ayudas que van llegando para cumplimentar todos sus objetivos humanitarios.

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La sensación que tuvimos tras volver a visitar el nuevo local de Peque Armario de la Fundación Escribano fue de total alegría. No solo por la ilusión y dedicación de cada uno de los voluntarios, que siguen con mostrando una actitud positiva y proactiva hacia la causa solidaria, sino también, porque los usuarios que llegan a través de Asuntos Sociales, la Cruz Roja o las redes sociales son conscientes de la necesidad de lugares de acogida de sentimientos y de amor, sobre todo de ese calor que se pierde en estas nuevas noches de invierno. Sigamos encendiendo este llama que solo el ser humano sabe mantener con las manos de todos los colores unidas.

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