La restauración litúrgica de Gaudí en la Seu

En este nuevo apartado de las actividades que realiza la Seu, nos encontramos con la restauración litúrgica que hizo Antoni Gaudí en la Catedral de Mallorca. El arquitecto catalán llegó a Mallorca en 1904 de la mano del obispo Pere Joan Campins. El obispo le pide a Gaudí que realice la reforma en torno a 3 pilares fundamentales; conseguir una nave para el Pueblo, un altar para Dios y una Cátedra para el obispo.

Cuando se inician las obras, Gaudí retira el Coro de la nace central, coloca el Baldaquino sobre el altar y libera la visual de la Cátedra. Además retiras los retablos góticos y barrocos. A continuación comienza un proceso más decorativo y pictórico basado en las pinturas del arquitecto catalán Josep Maria Jujol y en un mural cerámico.

Según la Gestora Cultural Marta de Castro, Gaudí pinta de dorado la Cátedra para dignificarla. Además hace una inscripción en letras doradas que dignifican al obispo, indicando que es la Cátedra que Dios otorga al obispo para regir a su Pueblo y también a su Iglesia. La decoración que encontramos alrededor de la Cátedra basada en escudos y hojas de olivera. Los 54 escudos pertenecen a los obispos desde 1238 hasta 1924. Las hojas de olivo hacen referencia al domingo de ramos y al aceite que se utiliza para ungir a los obispos en el momento de su nombramiento.

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Una de las obras más representativas del paso de Antoni Gaudí por la Seu fue el Baldaquino. Se trata de un mueble en forma de corona que corona el altar mayor. Está construido con materiales efímeros y pobres porque en su origen era una maqueta. Algunos de los materiales fueron papel, cartón, calabaza… También es muy importante el simbolismo del Baldaquino. Se pueden encontrar hojas de uva para hacer referencia al vino, espigas para hacer referencia al pan, al momento de la eucaristía y también un gran tapiz que cubre le altar representando al Espíritu Santo que cuida, cobija y protege el momento de la ceremonia.

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Para la restauración de la Catedral Antoni Gaudí contó con la colaboración de arquitecto catalán Josep Maria Jujol. La intervención de este artista destaca en la pintura del Coro. Esta intervención se divide en 2 partes muy diferenciadas. Una más ordenada y equilibrada que sigue con el simbolismo gótico, de que la Luz es símbolo de Dios. El artista dora las figuras que representan a Jesús, para hacer referencia a que Jesús es la Luz del mundo.

La otra parte es un poco más atrevida, más libre y más expresiva en donde se representa una pintura más abstracta con muchos chorretones de pintura, que hace referencia a un pasaje de San Lucas de la Biblia, en el que se explicaba como la sangre brotaba del cuerpo de Jesús en el momento de la crucifixión. Por eso vemos unos toques de pintura roja, que algunos investigadores han relacionado con el estilo de Henri Matisse. Un a pintura muy expresiva para intentar transmitir sentimientos a la población a través del color.

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Explicación: Marta de Castro. Gestora Cultura Catedral de Mallorca

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