La investigación, publicada en la revista Science, concluye que la reinundación parcial del antiguo lago podría impedir la emisión de 605 megatoneladas de dióxido de carbono y generar miles de millones de dólares en créditos de carbono.
Palma, 17 de julio de 2026. Un estudio internacional publicado en la revista científica Science, con participación del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB), concluye que la recuperación parcial del mar de Aral podría evitar la emisión de 605 megatoneladas de dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera y convertirse en una importante herramienta para la mitigación del cambio climático.
La investigación ha sido liderada por científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y ha contado con la colaboración del investigador del IMEDEA Joan Pere Casas Ruiz, además de un amplio equipo internacional.
Un desastre ambiental con impacto climático
El mar de Aral, que llegó a ser el cuarto lago más grande del planeta, comenzó a secarse en la década de 1960 tras el desvío de los ríos que lo alimentaban para proyectos de regadío. Su desaparición ha dado lugar a un extenso desierto salino con importantes consecuencias ecológicas y sociales.
El nuevo estudio demuestra que este proceso también ha tenido un importante impacto sobre el ciclo del carbono. Según los investigadores, los sedimentos que han quedado expuestos tras la retirada del agua han liberado 748 megatoneladas de CO₂ desde 1960.
Sin embargo, una parte significativa del carbono continúa enterrada bajo el antiguo lecho marino, por lo que la restauración del lago permitiría impedir la liberación de otras 605 megatoneladas de CO₂, una cantidad equivalente a casi tres años de las emisiones actuales de gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana en España.
Una oportunidad para la financiación climática
El estudio señala además que el carbono cuya emisión podría evitarse tendría un importante valor económico dentro de los mercados voluntarios de carbono.
Según las estimaciones de los autores, la protección de estas reservas podría generar entre 3.600 y 18.000 millones de dólares en créditos de carbono comercializables, lo que abriría nuevas vías de financiación para impulsar la recuperación del lago.
Los investigadores consideran que la restauración del mar de Aral no debería contemplarse únicamente como una actuación ambiental, sino también como una inversión climática con beneficios medibles.
Mejor gestión del agua para recuperar el lago
El trabajo plantea diferentes medidas para incrementar la llegada de agua al antiguo mar de Aral, entre ellas una mayor eficiencia de los sistemas de riego, la mejora de las infraestructuras hidráulicas y una mayor coordinación entre los países de la cuenca.
Según los cálculos del estudio, una inversión aproximada de 9.700 millones de dólares permitiría restaurar cerca del 50 % de la superficie que ocupaba el lago en 1960 y generar alrededor de 323 megatoneladas equivalentes de CO₂ en créditos de carbono.
Un problema global
Los autores advierten de que el mar de Aral no constituye un caso aislado. La desecación de grandes masas de agua continentales también amenaza otros ecosistemas como el Gran Lago Salado, el mar de Salton, el lago Urmia, el lago Chad o el mar Caspio, donde podrían producirse procesos similares de liberación de carbono.
La investigación forma parte del proyecto internacional DryingLake, que analiza cómo la desaparición de lagos y humedales altera el ciclo global del carbono mediante campañas de campo, análisis de sedimentos, mediciones directas de emisiones y técnicas de teledetección con satélites y drones.



