El velero, inspirado en el histórico Falcon de 1926 y botado este año, debuta en la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época como una de las propuestas más singulares de la clase Espíritu de Tradición, combinando un diseño centenario con tecnología del siglo XXI.
Mahón, 27 de agosto de 2026. Entre las embarcaciones que estos días compiten en la XXII Copa del Rey Repsol de Barcos de Época hay un barco que rompe con la lógica del tiempo. El Victoria apenas tiene unos meses de vida, pero navega con la elegancia y las líneas de un velero diseñado hace exactamente un siglo.
Botado en abril de 2026, el Victoria es el primer Q Class construido en más de setenta años y participa en Mahón dentro de la categoría Espíritu de Tradición, reservada a embarcaciones de apariencia clásica realizadas con técnicas y materiales contemporáneos.
Su historia comienza en 1926 con el Falcon, diseñado por Starling Burgess, Swasey y Paine y construido por la mítica Herreshoff Manufacturing Company. Con motivo del centenario de aquel barco, su propietario, Peter Silvester, decidió no restaurarlo, sino crear una réplica exacta que respetara íntegramente el diseño original.
Una réplica fiel al milímetro
El proyecto fue desarrollado por Dykstra Naval Architects, que adaptó los planos históricos para hacer posible una reproducción idéntica del casco, la quilla y las proporciones del velero de 1926.
«Se pretendía crear una réplica exacta del barco, con las mismas dimensiones, sin variar ni un solo centímetro», explica Mario Díez, segundo capitán del Victoria, durante la regata en Mahón.
La fidelidad estética convive, sin embargo, con una construcción plenamente contemporánea. El barco incorpora mástil y botavara de carbono, winches eléctricos y materiales de última generación, desarrollados por el astillero británico Spirit Yachts, especializado en reinterpretar grandes diseños clásicos con tecnología actual.
«Hemos utilizado materiales que, si hubieran estado disponibles hace cien años, sabemos que sus diseñadores también habrían elegido», señala Díez.
El resultado es un velero que conserva intacto el espíritu del original hasta el punto de que, visto desde el muelle, resulta prácticamente imposible distinguirlo del Falcon.
El legado de la Regla Universal
Más allá de su belleza, el Victoria recupera una etapa decisiva de la historia de la arquitectura naval. Los Q Class fueron una de las primeras expresiones de la Regla Universal, el sistema de medición que revolucionó el diseño de los grandes veleros de competición y que posteriormente daría lugar a los legendarios J Class de la Copa América.
Aquella norma buscaba equilibrar eslora y superficie vélica para evitar una carrera hacia embarcaciones cada vez más grandes y difíciles de gobernar.
«Si querías ser más largo no podías tener tanta vela, y si querías tener más vela tenías que ser más corto. La regla buscaba precisamente limitar esos excesos y hacer los barcos más eficientes y seguros», resume Díez.
Con sus cerca de 14 metros de eslora, el Victoria mantiene las proporciones elegantes que hicieron célebres a los Q Class y recuerda, en miniatura, a los grandes J Class que marcaron una época en la vela internacional.
Tradición con mirada de futuro
La presencia del Victoria en Mahón simboliza la esencia de la clase Espíritu de Tradición: demostrar que los grandes diseños clásicos siguen plenamente vigentes cuando se reinterpretan con los materiales y la ingeniería del siglo XXI.
Cien años después de que el Falcon surcara por primera vez el mar, su heredero vuelve a navegar con la misma silueta, pero preparado para escribir una nueva página en la historia de la vela clásica.



