El Centro de Historia y Cultura Militar de Baleares inaugura una muestra dedicada a la Compañía de Operaciones Especiales 101-7, cuando se cumplen 25 años del fin de la mili obligatoria y 30 de la disolución de la unidad.
Palma, 3 de marzo de 2026. El antiguo convento de Santa Margarita, hoy convertido en Centro de Historia y Cultura Militar de Baleares, acogió este martes la inauguración de la exposición “Los Boinas Verdes de Baleares, Compañía de Operaciones Especiales 101-7”, una muestra que rescata del silencio una de las páginas más intensas y exigentes de la historia militar reciente en Mallorca. La exposición podrá visitarse gratuitamente del 4 al 28 de marzo, de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 y de 18.00 a 20.00 horas, y los sábados de 10.00 a 14.00 horas.
La iniciativa llega en un momento cargado de simbolismo: se cumplen 25 años del Real Decreto que suspendió el Servicio Militar Obligatorio en España y 30 años de la disolución de la Compañía de Operaciones Especiales 101-7, una unidad que durante 27 años reunió en Mallorca a más de 2.000 jóvenes que, aun dentro del marco de la mili obligatoria, eligieron voluntariamente hacer su servicio militar en una de las unidades más duras, admiradas y temidas del Ejército.
El acto inaugural reunió a autoridades civiles y militares, veteranos boinas verdes y numerosos asistentes ligados al mundo castrense y a la memoria histórica de la unidad. En su intervención de bienvenida, el director del Centro de Historia y Cultura Militar de Baleares, el coronel José Luis Sales Blanco, destacó la importancia de la presencia del comandante general, subrayando su especial sensibilidad hacia la historia y la cultura militar y el impulso que ha dado al centro durante su etapa. Sus palabras sonaron también a despedida y a reconocimiento emocionado: un agradecimiento personal y público a quien, afirmó, ha dejado una huella imborrable en esta institución.

La exposición nace como “un tributo de justicia” a una unidad cuya mística, templada en la dureza, el silencio y la disciplina, forma ya parte del patrimonio militar de Baleares. En ese espíritu de homenaje, se recordó no solo a unas siglas o a una estructura militar desaparecida, sino a los soldados que hicieron del sacrificio, el esfuerzo y la integración con la isla una verdadera forma de vida. La muestra quiere, precisamente, proyectar esa memoria hacia la sociedad civil y ofrecer al ciudadano la posibilidad de comprender el rigor técnico, la lealtad y la austeridad que definieron a aquella compañía.
El verdadero corazón del proyecto lo explicó el coronel Antonio Ortiz, comisario de la exposición, exdirector del centro y además antiguo guerrillero, conocedor directo de las unidades de operaciones especiales desde dentro. Fue él quien recordó que la coincidencia de fechas convertía este año en el momento ideal para rendir homenaje a todos aquellos jóvenes que pasaron por la COE 101-7. También quiso poner el foco en los veteranos presentes en el acto, muchos de ellos boina verde en su día y hoy miembros de la Asociación de Veteranos Boinas Verdes de la Compañía de Operaciones Especiales 101, entidad que ha sido decisiva en el impulso de la muestra.
Ortiz fue desgranando también una larga lista de agradecimientos que demuestra hasta qué punto este proyecto ha sido una obra colectiva. Desde la financiación facilitada por el Comandante General de Baleares, hasta la cesión de espacios por parte del director del centro, la colaboración del Regimiento Palma 47 con fondos de su museo, o el apoyo del Mando de Operaciones Especiales, la actual gran unidad española dedicada a este tipo de misiones. Mención especial mereció el teniente Gelabert, autor de cuatro maquetas creadas expresamente para la exposición, así como el general Íñiguez, presidente de la Federación de Asociaciones de Boinas Verdes de España, que se desplazó expresamente para asistir al acto. También se agradeció la aportación de Xisco Colom, de la Federación Balear de Montaña, quien recuperó material de escalada para enriquecer una parte esencial de la muestra.

La exposición propone un recorrido completo por las distintas fases de instrucción de la compañía. La primera de ellas, la fase de adaptación, queda representada con la uniformidad básica del soldado, su inseparable casco, mochilas y tienda de campaña. Era una fase durísima, no solo en lo físico, también en lo psicológico, pensada para medir los límites de cada hombre. Armamento, nocturnidad, endurecimiento y disciplina marcaban el inicio del camino hacia la codiciada boina verde.
A continuación, la muestra se adentra en la fase de topografía y orientación, fundamental para una unidad concebida para operar en terreno complejo y en movimientos discretos. Los planos de Mallorca a escala 1:50.000, brújulas, linternas y mapas de Cabrera recuerdan la importancia de saber leer el territorio de día y de noche, algo imprescindible para moverse por la isla con precisión táctica.
La montaña ocupa también un lugar central. La fase de montaña y escalada, desarrollada especialmente en la Serra de Tramuntana y la zona de los pantanos de Cúber, enseñaba a los soldados técnicas de acceso, tirolinas, pasarelas y escalada con medios hoy casi arqueológicos. Uno de los detalles más llamativos es la presencia de antiguas cuñas de madera utilizadas antes de la generalización de los seguros metálicos: pequeñas piezas que se introducían en grietas para permitir la progresión vertical.

Otra de las partes más impactantes es la dedicada a la supervivencia. Allí se recrea el horno cherokee para ahumar alimentos, un armero de circunstancias, un vivac improvisado con funda y poncho, así como pieles tratadas para abrigo. Todo ello recuerda que la unidad fue concebida para actuar en escenarios donde el aislamiento, la escasez de comida y la necesidad de autosuficiencia eran una realidad. Un diario original de un guerrillero, expuesto en la muestra, refleja con crudeza cómo el hambre y el paso de los días podían transformar el ánimo y la resistencia de los soldados.
La fase de combate aparece representada con especial potencia visual gracias a las maquetas del teniente Gelaber, que reproducen golpes de mano, emboscadas, infiltraciones y acciones desde vehículos en movimiento. A ello se suman armas históricas como la ametralladora MG, el fusil de asalto CETME o el fusil-pistola, además de material NBQ, transmisiones y otros elementos que formaban parte del equipo operativo.
El agua también tuvo su protagonismo en la instrucción de la COE 101-7. Una maqueta recrea un rápel desde helicóptero hacia una balsa en la entrada del puerto de Cabrera, y un maniquí muestra el antiguo equipo de buceo con tribotella, testimonio de una época en la que la preparación en combate en agua era esencial para la operatividad de la unidad en un territorio insular como Baleares.

La parte final de la exposición conecta pasado y presente. Se explica que las actuales Operaciones Especiales ya no responden a la misma misión ni estructura que las antiguas compañías, y se rinde homenaje a varios boinas verdes ilustres, entre ellos el general de ejército Fulgencio Coll, antiguo teniente de la compañía y posteriormente jefe de Estado Mayor del Ejército y primer jefe de la Unidad Militar de Emergencias.
Uno de los espacios más emotivos está dedicado a la Asociación de Veteranos Boinas Verdes de la COE 101, creada trece años después de la disolución de la unidad por el orgullo y el vínculo humano que seguían sintiendo aquellos soldados. Actualmente la forman 115 socios, entre tropa y cuadros de mando, y uno de sus principales fines ha sido precisamente recuperar la historia de la compañía. De algún modo, esta exposición materializa ese empeño: evitar que la huella de la COE 101-7 se diluya con el tiempo.
La inauguración concluyó entre aplausos, fotografías, viejos saludos de unidad y el eco del tradicional grito guerrillero, antes de que los asistentes compartieran un “agua de Sóller” en el patio. Había orgullo, complicidad y también emoción. Porque más allá del uniforme, de la dureza de la instrucción o del peso de la historia, la exposición ha conseguido algo difícil: devolver por unas semanas a los boinas verdes de Baleares al lugar que siempre ocuparon en la memoria de muchos.













