Durante décadas fue símbolo de una Palma burguesa y próspera. Hoy, tras años de silencio y abandono, Can Forteza Rey se enfrenta al reto de decidir qué lugar ocupa la memoria en el futuro de la ciudad.
Palma, enero de 2026. Can Forteza Rey se alza en el centro histórico de Palma como uno de esos edificios que, aun cerrados, siguen hablando. Su fachada no pasa desapercibida y sus muros conservan la huella de una época en la que la ciudad crecía mirando hacia la modernidad sin renunciar a su identidad social y cultural.
Levantado a finales del siglo XIX, Can Forteza Rey fue concebido como una residencia señorial vinculada a la burguesía palmesana. Sus amplios espacios interiores, la riqueza de sus elementos arquitectónicos y su ubicación privilegiada lo convirtieron durante años en un referente urbano, reflejo de una ciudad que comenzaba a transformarse.
Con el paso del tiempo, el edificio fue perdiendo protagonismo. El abandono progresivo y la falta de uso lo sumieron en un estado de deterioro que no solo afectó a su estructura, sino también a su presencia simbólica en la vida cotidiana de Palma. Aun así, lejos de desaparecer del imaginario colectivo, Can Forteza Rey se convirtió en un lugar cargado de significado, generando debate sobre la conservación del patrimonio y el uso de los espacios históricos en la ciudad contemporánea.
Más allá de su valor arquitectónico, este edificio representa una pregunta recurrente en Palma: ¿qué hacer con la memoria urbana? Rehabilitar no es únicamente restaurar piedra, molduras o fachadas; es decidir qué relatos se preservan y cómo se integran en el presente. En los últimos años, Can Forteza Rey ha sido objeto de atención institucional y ciudadana, situado en el centro de una reflexión más amplia sobre el equilibrio entre conservación, uso público y transformación urbana.
Hoy, cuando se plantea una nueva etapa para el edificio, su historia adquiere un valor aún mayor. Cada estancia cerrada, cada detalle arquitectónico y cada grieta hablan de una Palma que fue y de una ciudad que sigue debatiéndose entre crecer y recordar. Can Forteza Rey no es solo un inmueble pendiente de rehabilitación: es un testigo silencioso de los cambios sociales, económicos y culturales que han marcado el corazón de la capital balear.
Desde La Palmesana, entendemos los edificios históricos como parte viva del relato de la ciudad. Can Forteza Rey nos recuerda que el patrimonio no se mide únicamente en metros cuadrados o presupuestos, sino en memoria compartida. Y que, en Palma, el futuro también se construye escuchando lo que aún tienen que decir sus muros.














