Espacios culturales, hoteles y coleccionistas privados de la isla refuerzan su apuesta por la obra del dúo artístico, que prepara una gran exposición antológica con más de 110 piezas.
Palma, 27 de enero de 2026. Mallorca vuelve a convertirse en escenario y refugio creativo para Asun Glez & Franck Sastre, dos artistas que han tejido en la isla un vínculo que va mucho más allá de lo expositivo. En los últimos meses, distintos espacios y coleccionistas mallorquines han incorporado nuevas obras del dúo, consolidando una relación basada en la confianza, la cercanía y la sensibilidad compartida.
El restaurante Manu de Enmanuelle, en Can Pastilla, ha adquirido la colección “Fourchette”, formada por seis pinturas donde el gesto, el símbolo y la materia dialogan desde lo esencial, con una fuerte carga expresiva y profundamente humana. Por su parte, el hotel de agroturismo Can Canet, en Esporles, ha sumado a su espacio la colección “Gospel”, una serie de carácter espiritual y emocional en la que las miradas, los silencios y la fuerza interior de los personajes conectan con el entorno natural que las rodea.

El apoyo más prolongado y significativo llega desde Paguera, donde los coleccionistas privados Martin y Daniella continúan ampliando una colección que ya supera las 110 obras del dúo artístico. En esta ocasión han incorporado diez nuevas pinturas de la colección “Trace”, reafirmando una complicidad que se mantiene viva desde hace más de ocho años y que los convierte en sus coleccionistas más fieles.
Este recorrido compartido desembocará ahora en un proyecto especialmente ilusionante: una exposición antológica que reunirá estas 110 obras y que permitirá recorrer ocho años de evolución artística, búsquedas y emociones.

La muestra está prevista para septiembre en el Hotel Bella Colina, un espacio que, según los artistas, encaja de forma natural con su sensibilidad. La pintura de Asun Glez & Franck Sastre nace del gesto libre, de la mezcla de técnicas, del contraste entre luz y sombra y de un color que aparece a veces como herida y otras como esperanza.
Sus obras, centradas en rostros y miradas, hablan de lo humano, de lo frágil y de lo fuerte, desde la honestidad y sin artificios. En Mallorca, aseguran sentirse profundamente arropados por una red de personas, espacios y amistades que les acompañan año tras año. Su camino, explican, sigue guiado por la humildad y la fidelidad a su propia forma de crear, entendiendo el arte como un lugar de encuentro donde las miradas se cruzan y los vínculos perduran.










