Coleccionista de maquetas, radioaficionado y embajador de su pueblo de Alhendín, José Emilio Serrano sigue de cerca la actualidad del Ejército del Aire y del Espacio, con especial cariño por el Ala 78, la Patrulla Aspa y el Ala 49 con base en Mallorca
Palma, 16 de febrero de 2026. En una casa de Palma, lejos del ruido de las pistas y de los hangares militares, se conserva una pequeña colección que habla de pasión, memoria y respeto por la aviación militar española. Allí vive José Emilio Serrano, un ciudadano que, sin vestir uniforme, mantiene una relación profunda y sincera con el Ejército del Aire y del Espacio.
Sobre estanterías y vitrinas reposan más de 300 maquetas de aviones, tanto civiles como militares. Algunas las ha montado él mismo; otras han sido regalos de amigos o piezas encontradas en rastros y ferias. Pero cada una tiene una historia detrás: un recuerdo de una base aérea, una visita especial o una amistad forjada a lo largo de los años.
Entre las piezas más representativas destacan modelos como el Eurofighter, el F-18 o el histórico C-101 Aviojet, acompañados de metopas, parches y objetos aeronáuticos como altímetros o velocímetros. “No están todas aquí”, explica con una sonrisa, “muchas las tengo guardadas en cajas”. En las paredes también cuelgan parches de unidades aéreas, recuerdos de bases militares y metopas que ha ido reuniendo con los años.
Pero más allá de la colección, lo que define a José Emilio es su vínculo humano con las personas que forman parte del Ejército del Aire.

Un cariño especial por el Ala 78 y la Patrulla Aspa
Una de las unidades que más sigue de cerca es el Ala 78, con base en Armilla (Granada), unidad encargada de la formación y enseñanza de pilotos de helicóptero del Ejército del Aire y del Espacio. Desde allí operan helicópteros utilizados en el adiestramiento de nuevas promociones de pilotos, que realizan sus primeras fases de vuelo antes de incorporarse a otras unidades.
Dentro de esta base se encuentra también la Patrulla Aspa, la patrulla acrobática de helicópteros del Ejército del Aire y del Espacio, conocida por sus espectaculares exhibiciones aéreas en festivales y eventos internacionales. Sus cinco helicópteros realizan maniobras acrobáticas de gran precisión que sorprenden a miles de espectadores.
José Emilio habla de ellos con entusiasmo casi infantil:
“Son cinco helicópteros que hacen barbaridades. El que no lo ha visto no sabe lo que se pierde. Es algo espectacular”.
A lo largo de los años ha tenido la oportunidad de visitar la base de Armilla en varias ocasiones, asistir a ensayos y festivales aéreos e incluso fotografiarse junto a los helicópteros. Allí ha construido una relación cercana con muchos de sus miembros.

“Siempre que voy me tratan muy bien. Tengo muchos amigos allí, tanto civiles como militares”, explica agradecido. Recuerda especialmente la hospitalidad del brigada Mesa y el brigada Tejada, a quienes menciona con afecto por la atención que siempre le brindan cuando visita la base.
Uno de los recuerdos que guarda con más cariño es la conmemoración del XX aniversario de la Patrulla Aspa, una celebración que vivió muy de cerca y que hoy forma parte de su colección de recuerdos.
Conexión con el Ala 49 en Mallorca
Aunque su corazón aeronáutico mira con frecuencia hacia Armilla, José Emilio también mantiene una fuerte conexión con Mallorca. Desde Palma sigue con atención la actividad del Ala 49, unidad del Ejército del Aire y del Espacio con base en Son Sant Joan, especializada en misiones de búsqueda y salvamento (SAR) en el Mediterráneo occidental, una labor fundamental para rescates marítimos y operaciones de emergencia.
Gracias a sus amistades en la base, conoce bien la actividad diaria de la unidad. Incluso mantiene viva su antigua afición por la radioescucha aeronáutica.
“Escucho las frecuencias del aeropuerto y a veces oigo a los amigos del Ala 49 cuando salen en misión”, explica. Esa curiosidad por las comunicaciones aéreas nació hace años, cuando empezó en la radioafición con una emisora y descubrió el fascinante mundo de las comunicaciones aeronáuticas.
Un embajador orgulloso de sus raíces
A pesar de vivir en Palma desde hace años, José Emilio nunca ha olvidado su origen. Natural de Alhendín (Granada), en 2020 recibió el Premio de Embajador de su pueblo, un reconocimiento que guarda con enorme orgullo.
El diploma ocupa un lugar destacado en su colección. “Fue una satisfacción inmensa”, recuerda. “Estar rodeado de mis vecinos y de los militares de la base de Armilla fue algo muy especial”.
Pasión, respeto y memoria
Para José Emilio Serrano, la aviación militar no es solo una afición. Es una forma de conectar con la historia, con las personas que sirven en las Fuerzas Armadas y con una vocación que admira profundamente.
Sus maquetas, parches y metopas no son simples objetos. Son recuerdos de encuentros, de visitas a bases aéreas, de festivales y de amistades forjadas a lo largo de los años.
Porque, como él mismo dice con sencillez:
“Me encanta todo lo del Ejército del Aire. Siempre estoy pendiente de lo que hacen”.
Y en esa pasión silenciosa, en ese respeto constante por quienes vuelan y trabajan en las bases aéreas españolas, José Emilio Serrano se ha convertido, sin proponérselo, en uno de esos ciudadanos que mantienen viva la conexión entre la sociedad y sus Fuerzas Armadas.














