El proyecto social impulsado por el profesor Wellington utiliza la capoeira como herramienta de integración y desarrollo para niños y jóvenes en Mallorca.
Palma, 24 de abril de 2026. Cada jueves por la tarde, en el CEIP Gabriel Vallseca, la música, el movimiento y la energía colectiva se convierten en mucho más que una actividad deportiva. Allí, el profesor Wellington, del grupo internacional de capoeira Topázio, lidera un proyecto social que desde hace tres años trabaja por la inclusión y el desarrollo personal de niños y jóvenes a través de esta disciplina. Es el proyecto PIC (Proyecto de Intervención Comunitaria de Son Gotleu), según nos explica Shila, la técnico comunitaria.
El proyecto, desarrollado en colaboración con Aldeas Infantiles y el Ajuntament de Palma, nace con una clara vocación comunitaria: ofrecer alternativas reales a menores que crecen en entornos con menos oportunidades. “La capoeira es una herramienta muy potente de inclusión social. Utilizamos la cultura, el deporte, la música y el sentido de comunidad para acompañar a los niños en su crecimiento”, explica Wellington.

Mucho más que un deporte
Lejos de ser únicamente una práctica física, la capoeira se presenta aquí como una disciplina integral que combina movimiento, música, juego y valores. Las sesiones incluyen calentamiento, estiramientos, técnicas de ataque y defensa, acrobacias y, sobre todo, la “roda”, el espacio simbólico donde todos los participantes interactúan bajo códigos propios de respeto y conexión.
“Dentro de la roda se crea una energía colectiva donde todos participan. No se trata solo de aprender movimientos, sino de formar parte de algo”, señala el profesor.
Este enfoque convierte cada clase en un espacio de aprendizaje emocional y social. La capoeira ayuda a los más tímidos a expresarse, a los más impulsivos a canalizar su energía y a todos a desarrollar habilidades como la empatía, la disciplina o el trabajo en equipo.
Un proyecto con impacto real
La actividad forma parte de un programa comunitario más amplio que incluye otras iniciativas culturales como batucada o espacios de encuentro. Sin embargo, la capoeira se ha consolidado como uno de los pilares del proyecto por su capacidad de conectar con los jóvenes de forma directa.
“Venir aquí no es solo entrenar, es aprender cosas nuevas, es estar con los demás”, explica uno de los participantes, reflejando el impacto que tiene la actividad en su día a día.

Dificultades y compromiso
A pesar del crecimiento del proyecto, sus responsables reconocen las dificultades que implica sostener una iniciativa sin ánimo de lucro. La financiación depende en gran parte del esfuerzo de la propia comunidad, que organiza actividades para poder cubrir gastos como uniformes, instrumentos o material necesario para ofrecer una experiencia completa.
“Queremos que los niños vivan la capoeira en toda su dimensión. No es solo venir a clase, también hay graduaciones, eventos y una comunidad internacional detrás”, explica Wellington.
Semillas de futuro
Más allá del presente, el objetivo del proyecto es sembrar valores que acompañen a los jóvenes en su vida cotidiana. “La capoeira no solo trabaja el cuerpo, también la mente. Todo lo que aprenden aquí pueden aplicarlo en su vida, en la familia, en la escuela o con sus amigos”, añade.
En un contexto donde muchas veces faltan espacios de referencia, iniciativas como esta demuestran que el deporte y la cultura pueden convertirse en motores reales de transformación social.
Porque, como repiten dentro de la roda, no se trata solo de moverse al ritmo de la música, sino de construir comunidad y abrir caminos hacia un futuro mejor.











