La investigación revela que una comunicación abierta mejora la seguridad sexual de los jóvenes, pero evidencia una desigualdad persistente en la educación afectivo-sexual
Palma, 30 de abril de 2026. Un estudio del Instituto de Investigación e Innovación Educativa de la Universitat de les Illes Balears concluye que la comunicación sobre sexualidad en el ámbito familiar recae mayoritariamente en las madres, una dinámica que, aunque favorece el desarrollo de una sexualidad más segura en los jóvenes, también pone de manifiesto una carga educativa desigual.
La investigación, realizada con 457 estudiantes universitarios, señala que quienes mantienen una comunicación más abierta con sus madres desarrollan una mayor autoeficacia sexual, es decir, más confianza para gestionar relaciones y tomar decisiones con autonomía, además de mostrar creencias más saludables y una menor adhesión a mitos sobre sexualidad.
Las madres, principales referentes en la educación sexual
El estudio evidencia que tanto chicos como chicas hablan mucho más de estos temas con sus madres que con sus padres, siendo esta diferencia aún más marcada en el caso de las jóvenes. Este patrón confirma que la educación afectivo-sexual continúa siendo una responsabilidad mayoritariamente feminizada dentro del hogar.
Por el contrario, la comunicación con los padres no presenta una relación significativa con la mejora de la seguridad sexual ni con la reducción de creencias erróneas.
Más diálogo, mejores decisiones
Los resultados destacan que no solo importa hablar de sexualidad, sino cómo se hace. Una comunicación abierta, basada en la confianza y el respeto, favorece la capacidad de poner límites, expresar deseos y desenvolverse con mayor seguridad en las relaciones.
En cambio, los mensajes basados en el miedo o la vergüenza pueden tener efectos contraproducentes.
Una carga invisible que persiste
Más allá de los beneficios detectados, la investigación pone el foco en la sobrecarga emocional y educativa que asumen muchas madres, que continúan siendo responsables no solo del cuidado cotidiano, sino también de abordar conversaciones complejas como la sexualidad.
Las autoras advierten de que esta situación reproduce una división desigual de las responsabilidades dentro del hogar, donde los padres mantienen un papel secundario.
Hacia una corresponsabilidad real
El estudio concluye que el reto no pasa únicamente por mejorar la comunicación familiar, sino por avanzar hacia una corresponsabilidad real en la educación afectivo-sexual, distribuyendo de forma equitativa esta tarea entre ambos progenitores.
En este sentido, la investigadora Victòria Quesada subraya que “si queremos una juventud más libre e informada, también necesitamos hogares más igualitarios, donde esta responsabilidad sea compartida y reconocida socialmente”.



