La investigación demuestra que las personas tienden a considerar normales los comportamientos que observan con más frecuencia, aunque en realidad solo los practique una minoría. El fenómeno tiene implicaciones directas en las redes sociales, las empresas y la vida cotidiana.
Palma, 17 de junio de 2026. Un estudio liderado por investigadores de la Universitat de les Illes Balears (UIB) ha revelado cómo determinados comportamientos pueden acabar percibiéndose como normales dentro de un grupo social, incluso cuando únicamente son practicados por una minoría de personas.
La investigación, publicada en la revista científica Organizational Behavior and Human Decision Processes, ha sido desarrollada por el profesor del Departamento de Economía de la Empresa de la UIB, Thomas Karl Alfred Woiczyk, junto a investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid y la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.
El trabajo concluye que las personas suelen aprender las normas sociales observando aquello que se repite con mayor frecuencia en su entorno, más que analizando qué hace realmente la mayoría. En consecuencia, una conducta muy visible puede terminar siendo interpretada como la norma colectiva, aunque solo sea realizada por unos pocos individuos.
Los investigadores denominan este fenómeno como common behavior effect o “efecto del comportamiento común”, una dinámica que ayuda a comprender cómo se forman las normas sociales y culturales tanto en organizaciones como en espacios digitales.
La influencia de quienes más se hacen visibles
Según explica el estudio, si unas pocas personas muestran reiteradamente un determinado comportamiento, este puede parecer más representativo del grupo de lo que realmente es.
El profesor Thomas Woiczyk señala que “no siempre confundimos la norma porque razonemos mal, sino porque nuestro entorno nos expone más a unas conductas que a otras. Lo que más vemos puede pesar más que lo que realmente hace la mayoría”.
Este mecanismo resulta especialmente relevante en la actualidad, donde las redes sociales amplifican la visibilidad de determinados perfiles y opiniones. Una minoría muy activa puede generar la sensación de que ciertos discursos, estilos de vida o comportamientos son ampliamente compartidos cuando en realidad no lo son.
Redes sociales, empresas y vida cotidiana
Los autores destacan que este fenómeno puede observarse en numerosos ámbitos. En las empresas, por ejemplo, si unos pocos trabajadores envían correos electrónicos de madrugada o permanecen habitualmente trabajando fuera del horario laboral, esa conducta puede acabar percibiéndose como una práctica habitual de toda la organización.
Algo similar ocurre en internet, donde la repetición constante de mensajes agresivos, opiniones extremas o discursos polarizados puede contribuir a normalizarlos y hacer creer que representan una postura mayoritaria.
Además, el estudio demuestra que las personas no solo modifican su percepción sobre lo que consideran normal, sino que también tienden a imitar esos comportamientos observados con frecuencia.
Comprender mejor cómo se crean las normas sociales
La investigación se basa en seis estudios desarrollados en distintos contextos y aporta nuevas claves para comprender la formación de hábitos colectivos, la cultura organizativa y la difusión de conductas en entornos presenciales y digitales.
Los investigadores también comprobaron que este efecto disminuye cuando resulta más sencillo identificar qué comportamiento corresponde a cada individuo concreto. Es decir, cuando las personas pueden distinguir claramente quién hace qué dentro de un grupo, se reduce la tendencia a confundir lo más visible con lo más representativo.
Los resultados ofrecen nuevas herramientas para analizar fenómenos sociales contemporáneos y recuerdan una idea fundamental: que una conducta aparezca repetidamente ante nuestros ojos no significa necesariamente que sea la opción mayoritaria, aunque sí puede acabar influyendo en la forma en que interpretamos la realidad que nos rodea.



